jueves, 26 de febrero de 2015

Venus... ya te conocí

Hoy nos volvimos a encontrar; tres días luego. Victoria estaba sentada allí. Pero no adelante con su amiga acostumbrada. Estaba detrás, con el chico. Como viendo todo. Como al acecho...

Al terminar me acerco; apenas me mira, apenas me saluda. Sé que una Venus es su mirada, así que sé cuánto eso significó hoy. Hoy ya no me mira, ni de solaz. Los brillitos... desaparecieron.

Nunca había visto ese proceso. Nunca salí con una Venus verdaderamente; sólo fueron amigas. Amigas que quizás querían algo más, y yo nunca quise. O porque eran amigas, o emparejadas.

Jamás estuve con emparejada alguna, y ese es un orgullo. No demasiado grande, pero orgullo. Un orgullo mucho mayor es repartir comida de noche, a los "sin-techo". Y más aún: habiendo aprendido a hacerlo.

Recuerdo cuando lo hacíamos en comunidad con el grupo de la Catedral. Un día despegué y empecé a hacerlo solo: ¡qué saber hermoso!. Saber cómo tratarlos, qué comidas darles... parece fácil sin serlo. Qué cosas necesitan... repito: parece fácil sin serlo.

Y no estar con emparejadas... otro orgullo. He tenido muchísimas tentaciones así, con mujeres bellísimas. No puedo explicar cuán bellas. Y hoy, con Victoria, por un momento sentí eso: está emparejada.

Es que la esperé, la seguí, y ese chico no me hablaba... ¡ni respondía!. Le pregunté si eran pareja, y si bien dijo que no, los hechos confirmaban otra cosa: él sin mirarme, ella nuevamente echándome al llegar a la esquina... "cortándome el rostro".

Yo empecé este escrito por franca intriga. No siempre me trató bien, pero era una chica católica, y con linda mirada. Hoy no sé como católica cuán practicante es. Y su mirada ya desapareció... es raro. Al menos queda este texto, y el prudente dejarla ir. Victoria, Venus: yo te conocí... ya te conocí.

-----FIN-----


lunes, 23 de febrero de 2015

Jaque a la sospechada Venus

10 días después de haberla visto por última vez, aparece. Ya esta vez sentada donde solía sentarse. E incluso con una amiga (la misma con la que estaba en aquella oportunidad).

Tras comulgar, me siento con ellas directamente y parto cuando parten. Se agrega también un varón llamado Facundo. Y partimos juntos los cuatro: Verónica (ella), Angélica (su amiga); Facundo y yo (¡al fin supe su nombre!).

Ella sabía el mío... lo supe cuando me presentó a los demás (¿cómo supo?). Me preguntó algunas cositas... si vivía muy lejos y cosas superficiales mientras estábamos partiendo. Yo le hice el comentario: "Pensé que me ibas a echar" (con sonrisa cómplice). Y me quedé con ellos mientras caminaban. Era como que estar acompañándola ya fuera suficiente para mí (mi broma lo figuró).

Pero no sé si eso le agradó. Es algo más bien femenino, esto de estar contento simplemente por estar con alguien. El silencio (no hablé mucho) también reforzó esta posición de "enamorado" o femenina quizás. Es que hablaban entre ellos. Con códigos propios. Es que son de afuera. De pueblos cercanos parece.

En fin... me la jugué. Incluso tuvo que decirme: ahora me voy y quiero conversar (con el otro chico) para que me vaya.


Estoy haciendo un experimento, quizás. O estoy "karmatizándola" por tanta histeria. O sencillamente "dejándome llevar", no sé. Lo ignoro sinceramente. Pero ella me miró dulce durante años. Y es parte activa de la Iglesia. Me maltrató quizás, sí. Pero un día se sentó dónde yo. E incluso todos lo vieron.

La señora que siempre acompañaba, está siendo acompañada ahora por otra señora quizás para que me ponga en pareja con ella. Muchas cosas se movieron. Y yo quiero ser la parte ingenua. La parte verdadera. La parte real. Hasta que me descalifique y en forma clara, o me niegue el teléfono o implique un novio. Fue mucha provocación... de ser así. Lo sospecho notablemente.

Hubo veces en que se reía de mí. Veces muy hostiles también. Fueron muchos años de estarnos viendo. Y muchas con los "ojitos de Venus"... que ahora jaqueo quizás. En este paseo de hoy, esos ojitos ya no estuvieron ni remotamente tan presentes. De hecho, una Venus busca profundizar, no eludir. Al menos una Venus interesada. Quizás sea una Venus asustada, por preverse jaqueada, por mi sí integridad.

Dios dirá, estoy seguro. Yo podría ponerme de novio y amarla. También "karmatizarla". Eso hago sin querer, frecuentemente. Con mucha gente. Es como un signo personal. La no violencia, y también el "karmatizar" a enemigos; me siento así. Como si Dios estuviera muy cerca mío, cuidándome. Es que soy muy no violencia. Muy cristianamente además. Me pregunto si podrán, tantos años en que ella se portó dudosamente conmigo, convertirse en un amor, o en clarificar lo sucedido.

viernes, 20 de febrero de 2015

El hipnotismo de una Venus

Hoy llegué a Misa, y me pareció haberla visto, sentada justo allí. Después sabría que no. Que era cualquier otra persona; otra menos ella...

Ya pasó casi una semana sin verla. Desde el día de los enamorados, a pesar de que iba con regularidad. Quizás la jaqueó mi forma desenfadada de ser.

Cómo somos ella y yo siempre fue algo muy fuerte, muy revelador. Misa es una cosa, otra paralela y también fuerte es cómo somos ambos. Es como "una misa aparte".

Quizás debí haberlo mencionado mejor en un comienzo, pero sentirnos "almas gemelas" y jugar al "gato y al ratón" fue algo que estuvo omnipresente entre nosotros. Y ese día, dejamos de jugar; yo particularmente.


Quizás eso la "des-programó", o quizás fue el día de los enamorados... ella tiene novio y yo lo ignoro, o él está celoso o ambas cosas. Siempre hubo un grupo de gente en torno de ella. Eso me disgustaba bastante también.

La veía como una "mujer tipo Venus". Es decir como una enamoradiza. Es decir como una "enemiga". Eso siento por mujeres así. Te largan miradas de amor (tal como ella, ahora que reflexiono) pero eso hacen con todo el mundo, superficialmente diría.

En fin... estuvo ausentándose mucho. Quizás el día de los enamorados lo determinó. Ese día marcó un relieve. El de su verdadera personalidad. Y me abrió los ojos a mí. "Es una mujer tipo Venus... justo la que evitas".

Lo cierto es que llegando a Misa, bajando las escaleras y creyendo verla, estuve sumamente feliz. Tanto que mientras me confesaba sonreía y hasta reía de felicidad. Ahora que lo pienso, esto quizás confirma también el hipnotismo de una Venus, en vez del verdadero amor.

viernes, 13 de febrero de 2015

(No sé si esta historia es una historia de amor, pero la escribo sin embargo. Mientras sucede la escribo...

Hoy al entrar en la casa del Amor, estaba. Justo sentada donde yo me siento prácticamente todos los días. Me senté atrás, dudando.

No sabía si era ella. No la veía bien realmente. Pero llegó el momento de "darse la paz" y al voltearse la ví... qué coraje sentarse ahí, justo donde me siento yo en cada misa. 

No sé si esta historia es una historia de amor, pero es en su casa. Para quienes vamos a misa diariamente, como ella y yo, vamos a la casa del mismo Amor.



De inmediato, tras darle la paz me adelanté a su banco y le dije: "¿puedo sentarme con vos?"; me hizo un lugar. Hasta ahora siempre habían sido miradas, desconfiadas inclusive. Nos sentimos cómodos sin embargo. Nerviosos pero cómodos... es raro.

Volviendo de comulgar, no recuerdo bien en cuál fila estábamos; rogaba porque me siguiera y así lo hizo... estábamos nerviosos, ¡y tranquilos!. Con serenidad, ingresó en mi fila y se sentó a mi lado.

Ya la misa había terminado, y partió. Y la seguí, y rezamos aún afuera. Una amiga suya se nos había sumado, y estábamos en suma gracia. Me sentía inocente, limpio. Hasta sonreíamos, y reíamos los tres me pareció.

Me dijo: "me voy" o "nos vamos", no sé. Pero un "¡uy!" mío vino desde muy dentro de mi alma. Me despedí de su amiga: "Me encantó conocerte", y de ella quién me dijo: "Nos vemos en Misa"... la misma frase con que siempre alenté al Amor.

No sé si esta historia es una historia de amor, insisto... pero es en Su casa.)